jueves, 24 de diciembre de 2015

El sonido del 2015

Estas días son míos, estás canciones son como cantarles a cada día del año, un año de muchos viajes, de imborrables recuerdos por selva, sierra y costa, recorrer todo el Parque Nacional Tingo María en dos días, viajar en el Tren Macho y disfrutar de las playas y la comida del norte, respectivamente. He vuelto a sumergirme entre libros, historias, papel, lápices y lapiceros. Recién aprendía a despedirme de mi viejo y tuve que hacerlo de mi bisabuela Natalia, mamá Julia y mi buen amigo Oscar. Así como he aprendido a dar la bienvenida a todos mis hermanos y explorar el mundo de la Tunantada con nuevas amistades.
En los últimos meses del año, que decido redirigir mi rumbo... tuve un reencuentro inesperado luego de nueve años, mi banda favorita, Coldplay, saca nuevo disco y anuncia un concierto en abril del próximo año en Lima y vuelvo a tomar estabilidad emocional para encaminarme a los proyectos que tengo por cumplir el año que viene. Este año ha sido un alivio tener a todos mis hermanos cerca.
Todo el año rememoré los ya diez años de mi disco favorito, el X & Y, con cada single y tal vez sospechosamente en cada fecha tuve días para recordar siempre.  

Esta lista, diferente visualmente a las demás, tiene más canciones de lo habitual ya que no seleccioné con las del verano de este año, que son las que mayormente aparecen al final, excepto la primera, lo que no cambia es no estar muy cercano al acervo de la música popular local. Ponle play...


 
(*)Entre el número trece y catorce está Yesterday de los Black Eyed Peas, canción caleta del grupo sin Fergie y volviendo a hacer hip-hop.

Ya que en Spotify sólo existía la versión en concierto de la canción de este año, subo el videoclip y la volveré a contar como el himno de la alegría que provoca vivir.



¡Felices fiestas y los mejores deseos para el 2016!



El sonido de 2014

Hace un año, en estas épocas, seguía devastado por los acontecimientos que caen como rocas congeladas sobre la espalda y no pude publicar el usual post de cada año con mis canciones favoritas. Si en algún momento pierdo la memoria -una de mis fantasías en delirio- estas publicaciones me permitirán saborear cada etapa que transcurrí, así que empiezo. 

(10) The Black Keys - Turn Blue
Mi canción favorita del octavo disco de una de mis bandas favoritas. Con la canción y sus letras recuerdo que el mundo se te puede venir encima y te das cuenta que sigues avanzando, aunque no lo quieras. Pongamos tinta azul y sepamos que podría haber un infierno abajo, abajo...  


(9) Pharrel Williams - Happy 
El 2014 no sería el 2014 si nadie recuerda esta pegajosa canción que la usaron en cuanto spot publicitario o campaña para algo que quiera brindar alegría. No comento más de la canción que la baile en un paseo y algunos amigos creyeron que tenía epilepsia.


(8)Hunsu Helendirici - I love you
Los músicos de Oriente Medio están cultivando su música fabulosamente, su música tradicional como la base de una industria que está sobrepasando sus fronteras. A Hüsnü Şenlendirici (que un amigo ya me dijo cómo se pronuncia), lo conocí por un concierto de Dafher Youssef, quien también está en la lista e incorporó el clarinete de Helendirici en su último disco. Esta canción propicia al amor carnal, al amor suave entre pieles, al que está entre el vaivén de sentimientos que se deslizan por cada agujero del instrumento.


(7) Ibrahim Malouf - Beirut
La canción ideal para hacer catarsis, resurgir de las cenizas y estallar como fuego artificial en el silencio y la oscuridad. Ibrahim, heredero de la música y la trompeta, es el encargado de transportarnos a la capital del Líbano que lo vio nacer. El videoclip sugiere el renacer entre los escombros de la nostalgia y el pasado de un país del que tuvo que salir con su familia por la guerra civil. 


(6) Lana del Rey - West coast
Si no puedes con la arrechura, escucha esta canción. Bromas aparte, la guitarra es tan sugerente y tentativa para abrir la cama y hacerla mar. Tener un ligue de un par de meses con esta canción es una experiencia llena de oscuridad e intensidad derramada por donde se camine o se gima. (For P)


(5) Tame Impala - Elephant / Solitude Is Bliss
El videoclip nos transmite lo que esta banda australiana está haciendo con el rock psicodélico actual. Prontos a tocar en el Parque de la Exposición, en marzo, espero sea una banda, que además de destacar en su género, no muera como la típica banda joven que experimenta nuevos sonidos. Las dos canciones estuvieron cuando me cuestionaba entre el miedo, el autocercenar de mis actos y el proceso de liberación fantástica bajo sustancias no recomendadas. 


(4) Phil Selway - Coming up for air
El baterista de Radiohead lanzó su segundo disco para consolidarse como un artista que no sólo se redujo a un instrumento y abrió sus horizontes al arte en su más pura esencia. El videoclip es un saludo al cine de David Lynch. El eterno cuestionamiento de la vida, de lo circular que puede ser al igual que el video, donde los personajes se pierden en un caso policial para resolver la muerte del personaje principal.


(3) Dafher Youssef - Whirling Birds Ceremony

¿Quieres ser llevado a la melancolía o arrastrado al umbral de la depresión?, o lo has vivido. Este es el ceremonial adonde caen las aves que no pueden volar y sólo se contentan con girar. La colaboración del clarinete en manos de Hüsnü Şenlendirici junto a los agudos de Youssef es propicio para arrancar tu humanidad del suelo y despegar, en muerte o en alguna de sus formas, hacia un nuevo mundo. 


(2) Jamie xx - Sleep sound
El productor de mi trío favorito, The xx, lanzó canciones desde el 2014 y este año oficializó su primer disco In Colour. Esta fue la primera canción que da un paso adelante a la propuesta minimalista con la banda, o el principio de esta corriente: los silencios. El videoclip fue grabado con sordomudos que con sus movimientos inspiran lo que llegó a forjar la música


(1) Coldplay - Midnight
La banda regresó con un disco íntimo que le hace guiños a su primer disco, Parachutes, lo más sorprendente del Ghost Stories fue la sinceridad y sencillez con que fueron escritas las canciones. Midnight fue el primer videoclip y la primera canción en salir a la luz con la que me llevé una buena sorpresa para volver al uso de los sintetizadores, o experimentar con nuevos instrumentos. Con esta canción, cerca a la medianoche, mi viejo se fue en un mundo de colores invertidos.


Hasta el siguiente post.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Caballo de paja

Desde hace algunos años tener una conversación con los amigos pasó a ser una en el que las emociones salían tan sinceras, risas espontáneas y música increíble.
Desde hace algunos tener una conversación con mi amigo Iván Soriano es todo un suceso de momentos que no quieres que se acaben nunca.

Tal vez ahora, nuestras últimas conversaciones se han trasladado más a las virtuales, sin embargo, sigo almacenando tantas histories y sentires que luego termino muy inspirado para escribir.
Hoy quise escribir lo que sentí mientras nuestro tema en común era la muerte, el mar y una forma de amar. 

Caballo de paja

Los adobes
mis piernas


Desarraigo en vaivén
pajonal tibio


Navajas por el pecho
marea alta


Barca perdida
y el vacío rebalsa


Tocar del último violín
y pañuelos como anzuelo


Irse, irse, irse

Partir, partir, partir

El abdomen de luz
y un cigarro que termina


Techo o lluvia
cielo de nubes rotas


Y eres


La tierra
manos por cogerla


Hasta un próximo lunes... de fiel.

martes, 13 de octubre de 2015

Cuarto para el otoño

Un torrente de energía y (casi) desesperación pusieron a mi cuerpo en demasiada actividad, fue como si la espectacular tarde en Pimentel me hubiese susurrado algo lento que debía escuchar varias veces hasta saber qué era. La inquietud y la curiosidad me arrastraron por las calles de Chiclayo, un viento suave me llevó a encontrar la respuesta del susurro.

Cuarto para el otoño

Ni vidrio perfecto
o palabra apresurada,
el sol no perdona a las persianas

Aire que sólo asfixia,
lámpara de llanto
y dolencia ausente

¡Laberinto!

Sismo en el cuarto piso
con un ombligo fresco
sacudiéndose la sal

Y la necesidad por palpar
el humo que hemos sido,
consumados,
medianoche y los pasos
evaporándose por Balta.


Hasta el próximo post.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Bandada de aves rotas

Los buses han sido el mejor vehículo para apreciar e introducirme a nuevas ciudades, observar con mucha calma (al menos) el cambio gradual de la geografía, extenderse parajes que alguna vez vi en las enciclopedias y sentir ese encuentro entre lo que imaginaba al lugar real; no fue lo mismo imaginar un delta o una bocana que navegar en uno, sumergirme en aguas de río y sal. Todo se hacía tan lento, sólo le faltaba un piano acompañando para dejar al corazón salir de la jaula de penas y miedos. Cerrar los ojos y sumergirse, en lo oscuro: la paz. Salir a flote y asombrarme del nuevo mundo que encontraba entre las pestañas húmedas. Retar a una nueva ola, tocar el caparazón de unas tortugas galápagos, creer que debo tener una coraza igual de dura y quedarse frente a frente con el sol y pensar que no hay tiempo, sólo estar y arrojarse a nuevas aguas.

Bandada de aves rotas


Existe una bandada
de aves rotas
cruzando el espejo

¡Tú!
el de alas enteras
sé pez
y destínate el ahogo

Humano solo
algunas veces quebradizo
y de alas débiles

¡Tú!
disfraz de corderos
sé lobo
y destínate al hambre

Existe un muelle
comida para el cielo y el mar
encuentros al azar
y un puñado de sal
para morir en sed
en cada despedida


(El Ñuro, Piura. 04 de septiembre de 2015)


Hasta un próximo… post.

martes, 15 de septiembre de 2015

Norte - Eróstrato

Algunos años atrás planteaba la idea de viajar por el norte costero del país, mucho más antes me proponía viajar a alguna ciudad de norte para vivir unos años. Después del huracán que ha sucumbido esta última etapa de mi vida, decidí emprender el viaje añorado antes de llegar a los 30, no desdeñé la oportunidad que me tentaba desde el año pasado, pero interrumpido por proyectos laborales. 

El viaje se concretó, fui envuelto en mil y un experiencias -algunas sacadas de los pelos, otras particularmente asombrosas-, en general he podido comprender muchas de las preguntas que me hacía y que ahora me hago con menor frecuencia (aminorando la neurosis). En el camino me he cruzado con personas de diferente dejo, contextura, sentido del humor y... sabor. 

Empezaré esta secuencia de escritos que fui guardando en la libreta que llevé con la finalidad de... (ninguna finalidad) Salioeron frente a un ocaso, en conversaciones, con buena comida, antes de dormido, al despertar, saliendo del mar, etc. El siguiente lo escribí en Chancay, Lima.

Eróstrato

Las palabras como esferas ardientes
y una frase la quimera
de la sombra del miedo en circular

Estamos en el umbral del presente
lacónicos, estáticos y desesperados
inmutados ante el paso del aire

Incendio del pasado
fantasma ausente
cuando se quiere
como lobo hambriento

Tambores en la cima
y riachuelos en el suelo
del papel que fue olvidado

Estamos al borde del precipicio
saltemos al sueño de la embarcación
y espaldas amplias sobre las playas
para soportar la quemazón
de lo que nunca se dijo

Lluvia en el horizonte
la alegoría del a muerte
cuando lo ilusorio es develado
por la cortina de nuestra historia


Hasta el siguiente lunes, o cualquier día de la semana.


domingo, 16 de agosto de 2015

Marchito

Han paso casi dos meses desde que mi abuela se fue y veo el mundo desde el tercer piso. Esta semana, un kokedama, que lucía verdoso y lleno de vida, empezó a secarse, sus tallos amarillaron y la semana se nubló, más de lo que comúnmente está. Emplomecí y escribí... 

Como la planta que tuvo que cortarse las raíces al no poder consolidar su unión imperfecta en la tierra, tuvo que necesitar del abono de las aves que fingen volar y un poco de luz, al menos el de un fluorescente señalando la puerta a la otra vida, donde no necesitaremos el aire para cantar la canción que nos devolverá como frutos secos a la espera de la mano divina del hombre que habrá de arrancar la mala hierba de su ganado, el que no necesita de un pastor para encontrar en la vida la raíz que necesitará agua, un poco de agua y algo de desesperanza.

Espero que algún o alguna especialista en el cuidado de las plantas pueda salvar mi kokedama.

viernes, 17 de julio de 2015

Desde el nido calorífero

Hoy miraba desde el tercer piso, los automóviles y las personas se movían a un solo compás. Quise bajar y estropearlo todo. Pero me animé a escribir.

Desde el nido calorífero

El éxtasis,
un río desbordante
bajan de tu boca.

A mi grava,
palabras desesperadas
que murieron
en el intento.

Encierras a las aves
que revolotean
tu futuro descalzo
y
busco navajas
para las alas
nacidas en tu pecho.

El anhelo,
mi nido calorífero
de desconsuelo
y acumulación
de guijarros solos.

A tu laguna,
sed de obsesión
que aprisiona
cantos y mares vacíos.

Vuelvo a ver por la ventana y todo sigue siendo igual. Es tiempo de abrir la puerta y salir.
Hasta un próximo lunes.




lunes, 4 de mayo de 2015

Aquellos tres de lunes

Lunes, después de un desvelo y aterrado por soñar. Él aparece siempre como una sombra sigilosa que se oculta de la conciencia hasta que abre su capa y da su gran espectáculo: la confusión.

Podría ir enumerando y describiendo todo lo que giran móvil en esta ciudad, podría recordar con mucha precisión el momento en el que tuve que cruzármelo en medio del tumulto que cruzaba una de las avenidas principales del centro Lima. Todo para llegar a aquel instante, el semáforo se hizo lento, cada paso demoraba su avanzar sobre la zona peatonal, las miradas puestas en la acera del frente, otros mirando la hora, la música, mensajes de sus smartphones. Nosotros no veíamos nada, sólo caminábamos, como dudando del destino. La primera mirada se posó en mi hombro derecho y la segunda iba en vaivén entre comisura y comisura, como si la picardía bailase. Los cuerpos se rozaron con la menor presión y un cruce de miradas que se siguen hasta el rabillo de los ojos terminó. Muchedumbre en tropa, bocinas, vendedores ambulantes y la tarde que le pedía al sol ocultarse ya. La ciudad durmió un día más.

Lunes, tras lunes, tras lunes. Todos los lunes pospuestos para escribir y dispuestos al andar, la aventura que desconoce de límite y ama los silencios. Él dejó el papel a media escritura y se paró, cogió su maleta, se levantó de la mesa. Iba en dirección al ocaso.

Su cuerpo era imperceptible, no iba lento como los demás, su ceño era el timón que llevaba un barco a mucha velocidad. La determinación hubo despejado duda alguna, tenía las manos firmes y campaneantes. Cruzó la plaza en una diagonal casi perfecta. Las miradas estaban orquestadas como flechas, él las repelió todas. Tú te preguntas: ¿qué piensa?, ¿qué lleva adentro?, ¿adónde va? Entonces decides esperar unos segundos y vas detrás de él. Los faros y postes de luz empiezan a enmarcar las calles, el sabor de la curiosidad es dulce, no empalaga. Sólo lo sigues, motivado por el morbo de atinar a tus maquiavélicas suposiciones sobre el propósito que lo lleva tan de prisa. Algunos y algunas lo notas, dirigen sus miradas con la misma pregunta con la que diriges tú sobre él. Otras pasan con desdén. Prendes un cigarro mientras ata sus agujetas y sobreactúas torpeza con los palillos de fósforo.

Es lunes y decido dar vuelta atrás, quiero saber qué se siente intentar, dejo atrás el miedo y me expongo al mundo como nunca antes lo había hecho. Recordaré siempre esa noche: el sudor incontenible del deseo.

Ella, él y él. Las veredas se despejaron y el telón se abrió: señoras y señores, aquí su grácil cuerpo de una jovenzuela amante del cigarro que ha perdido el trabajo y va en busca de satisfacer su último pedido, placer. Por aquí, el presuroso y desventuroso señor que ha pasado al divorcio, sin ningún céntimo para la semana, dos litros de alcohol y una migraña que recorre su cabeza como una pulga. Y con ustedes, él, quien escribió esto. El final de su encuentro terminó con una noche eterna, sentados los tres como una familia en la mesa del bar, donde se tejen las mejores historias, preguntas y mentiras. Terminaron juntos, a la mañana siguiente, donde sólo quedó la despedida, sin esperanza alguna por volverse a ver.


lunes, 9 de febrero de 2015

Abuelita Natalia

La casa junto al río la conocí los primeros meses de vida que me llevaban para conocer a mis bisabuelos. De niño las visitas se recuerdan con exquisitez por la buena sazón de mi bisabuela, a quien también decía abuelita Natalia, no me sentía tan lejano, al contrario, afortunado de tener esa imagen de una mujer vigorosa.

Los postres de chocolate, el jardín con frutas, el lavadero de metal de un sólo caño, la infinidad de plantas y flores, los pasillos de una casa hechos de adobe para guardar el calor y la hospitalidad, así como el corazón de ella, corazón que dejó de latir, como el de mi papá, quien en su último cumpleaños le hizo un cariñoso homenaje, "sus manos blancas recibieron a este negrito", recordando quién fue la que ayudó a mi abuela a traerlo a este cuajado mundo. Ambos, en ausencia o distancia, están. 

Su preocupación por los demás se transmitía la afabilidad que decoraban sus preguntas o enseñanza a ser cómplice para darte propinas, me saca una sonrisa, hasta después de los veinte años me daba propina subrepticiamente, su mano volvía rápidamente a los bolsillos de sus faldas mientras su mirada se clavaba en el horizonte.

Todos los primero de enero la numerosa familia que se formó se reunía para estar junto a ella y celebrarle un año más, su baile manifestaba la más grande alegría que debe sentir todo ser que llega a la senectud y ve a toda sus descendientes reunidos, siempre acentuado con la alegría de los nuevos niños que se unen a los vínculos más fuerte que la sangre por venas.

Forjadora de la fuerza misma, de la generosidad y del impartir amor. Natalia, el eterno legado de la familia que, en cada uno de sus miembros, llevamos parte de ella. Aún vive, así su existencia ya no se haga sentir.


Octubre, 2014

lunes, 16 de junio de 2014

A media caña

Después de esos sueños hondos, como si nuestra conciencia se hubiese aventado al más profundo abismo, desperté.

Sobre la mesa junto a la cama seguían los dos vasos de whisky, la inercia estiró mi brazo derecho para coger uno de ellos y resbalé de la cama golpeándome la frente. Estaba la ras, entre el polvo y una caja de cigarros cerca que apreté entre mis manos antes de volver a perder la conciencia o que eso recuerde como sueño.
De adolescente siempre sentía culpabilidad por no volver a tiempo a casa, ahora estaba libre de esa emoción, me acogía el deseo de aprovechar el día, levantarme y caminar por todas las calles donde mis huellas emiten un llamado a mi corazón que acelera el latido.
Saqué un encendedor rojo y empecé a fumar no hallando comida en aquella casa, me puse la ropa luego de haber intentado arreglar la cama y beber el licor que sobraba mientras mis pensamientos se aclaraban y recuperaba los recuerdos. Las ojeras que llevaba eran bastante prominentes, los ojos los tenía enrojecidos y el morbo me llevó a acercar el rostro hasta empañar el espejo. El chocolate se derretía con la fricción que provocan los cuerpos, una lengua bordeaba una oreja y una mano empezó a estrujar todo el chocolate sobre una espalda que llevaba un tatuaje encima. Retiré el rostro y el olfato me advertía del olor dulce que venía de mí. Me senté sobre le inodoro, hacía falta un paraguas ante la lluvia de los recuerdos de toda la noche que había pasado.
Al asomarme a la puerta hacia la calle noté en el piso un papel que había sido pegado en algún lugar a la altura de mis ojos: “No dejes cigarros prendidos, asegúrate de cerrar bien la puerta. Y si vuelves, no toques el timbre”. Saqué el encendedor el bolsillo y quemé le papel.
Puse música, encendí otro cigarro que el estómago me reclamaba con los retortijones y unos lentes de sol para no atraer miradas.

“Memory, ah, memory, ah” y me senté en el puesto de jugos en un mercado al que por primera vez entré como un espectro.
-¿Le echo berenjena? –sin dejarme responder– es muy buena para la resaca.
-Gracias, señora.
-Mi hijo también se fue de  parranda el otro día y volvió después de dos días con…

Escuchaba la anécdota de la señora mientras un diálogo se interfirió:

-Pareces un trucha, al que tiran al mar para que muera.
-Un salmón.
-Fatalista.
-Hedonista –Corrigiendo–.
-¿Siempre la cagas con tus justificaciones?

Al mediodía el cielo volvió a adquirir el color plomizo y los rostros empezaron a empalidecer. Caminé sin rumbo, fue la primera vez que me sentía pequeñísimo en la ciudad, un laberinto extenso que desemboca al mar, adonde terminé por la tarde y me empapé con la brisa. Una náusea me tumbó y estaba frente a aquella puerta que no quería volver a ver. Toqué el timbre.


lunes, 9 de junio de 2014

Lo soñé otra vez

Un bote se aproximaba, la neblina estaba tan densa que no existía horizonte alguno, o estábamos sobre una consistente nube plomiza, jugamos y grabamos esos momentos que supondremos luego inolvidables. Hice clic en enviar y recordé exactamente todo tu correo electrónico, leer tu nombre me provoca leves chispazos en el cuerpo.

Salí del sueño y me mostré preocupado, estuve en proceso de llevar todo lo anterior en recuerdos, la confusión fue tremenda: estuve engañando a mi cabeza. Me moví ligeramente para no despertar al cuerpo que me acompañaba aquel domingo por la tarde, verifiqué la hora y hubieron pasado dos horas luego de haber probado dos vasos de whisky en la celebración de un bautizo.
Unos años después, mientras llegábamos al Callo, recordé mi cumpleaños dieciocho. Caminamos sobre las piedras y el cascajo recordando las circunstancias pasadas en el aquel mismo lugar. Tu cuerpo empezó a nublarse.

Desperté aprehensivo y tuve una tos imparable hasta que un dolor de cabeza me tomó por sorpresa y sentí sufrir de algo que mi hipocondría sólo lo sabía. Cogí el libro que dejé en la cabecera de mi cama y pasé toda la noche en vela, hasta la mañana siguiente que decidí hacer una llamada.
-¿Has olvidado que hace unas semanas estuvimos paseando por allí?
-Nunca hemos salido tan lejos.
-Ya vamos saliendo más de un año.
-No…


La alarma sonó y tenía el celular frente a mi rostro con el número marcado. Fui preso, nuevamente, de una confusión tremenda por saber si la conversación se realizó o no, vi el registro y nunca logré entablar una comunicación. Lo soñé… otra vez.

lunes, 30 de diciembre de 2013

El sonido del 2013

Y llegó el último post del año.

En resumen, hubieron semanas pasionales acompañados de una intensidad que me puso a la deriva en un bote sobre alta mar. Culminé la carrera y continúo en un proceso administrativo me pone más aprehensivo que Josef, en El Proceso de Kafka. Mi libro favorito fue Rana de Mo Yan, por lo bien entretenido que me tuvo en verano. Amo demasiado ver Fallen Angels de Won Kar-Wai. Pude recuperar mi bonsai de ciprés chengiano. Conocí Tacna y pude escaparte a Arica para observar un morro que se ha despercudido de leyendas. He viajado muchas veces a la selva central para ser parte de la alegría, del baile y la buena comida.
Gracias a todos los que me acompañaron este año, por lo enseñado, compartido trabajo, tragos, almuerzo, cama y vivido.

Y las canciones que me gustaron.

Editors - A ton of love / The Weight
 

The National - Sea of love / You should live in salt
 

Andrés Calamaro - Bohemio / Tantas veces
 

James Blake - Retrograde / The Wilhelm scream


The Drums - Me and the moon / We tired 


Tanita Tikaram - Dust on my shoes 


Caetano Veloso - Mora na filosofía 


The xx - Fiction 


Daft Punk - Get lucky


Leonard Cohen - Dance me to the end of love

Manolo García - Sombra de la sombra de tu sombrero

Grizzly Bear - Yet Again / Gun Shy


Atoms for Peace - Ingenue / Before your very eyes

Y la canción que resumió el ecléctico 2013 que pasé.

martes, 19 de noviembre de 2013

De regreso a lunes

“Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza del presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo del presente”, extracto de Tlön, Uqbar, OrbisTertius, Ficciones, Jorge Luis Borges.

Durante las últimas semanas estuve experimentando sobre la “refracción del tiempo”, una frase que me vino en el delirio para darle sentido a la relatividad que tiene en tiempo al escribirse y puede ser confundido entre lo pasado y lo venidero.

Relatividad, en litografía, M.C. Escher
Van dos semanas de insomnio y quizá sufrí alteraciones en la memoria, sin embargo, inmediatamente evoco el último sueño que recuerdo: corría a la misma velocidad de un taxi en el medio de una pista, parecía un perro que agitaba las orejas mientras veía su reflejo al espejo, no distinguí la mañana de la noche, entonces me encontraba en plena madrugada corriendo a la misma velocidad del vehículo para pedirle me lleve a mi casa porque cerca, un grupo de amigos con los que estuve tomando empezaron a darse golpes entre sí: “el pogo, el pogo”. Horas antes, bailaba cumbia en un bautizo que terminó cerca a las diez de la noches y todos fueron a dormir temprano, salí con Renán, tunantero, guitarrista, vocalista de un desaparecido grupo de música wave, quien me animó acompañarlo a una tocada. Con una sola luz palpitante en colores, adolescentes en trajes negros, espuelas, cabellos abultados y pintados de rojo, pálidos: El Club de Charly. “UlrikeRazumov” y un compañero  que egresó hace varios años atrás la facultad se acercó y el grupo fue creciendo mientras el local se iba llenando de presencias que tenían como saludo: “¿La Oroya?”. La esencia del wave: travestis, ojos delineados, chalecos de cuero y nosotros parecíamos el grupo “menos posero”, claro, me sentía el más joven en un grupo de cuarentones que han dejado las pintas y las ropitas atrás para darle sentido al sonido, la nostalgia que los mueve como a Morrisey, Mark Hollis, Vince Clarke. El sueño me poseía mientras corría anfetaminas, bolsitas, papel aluminio, jeringas y tanta cosa extraña aún, tuve que decidir: soy natural, como dice un gran amigo y llené y vacié a la vez mi cuerpo.

Al día siguiente me encontré con la chica que me acompañó el baile en varias canciones durante el bautizo, “oye esas ojeras” me preguntó aprovechando para palparme las mejillas, “he dejado de usar lentes, es por eso, lo otro: me tengo que afeitar esta semana ya”. Y continuamos en camino opuestos, horas antes desperté del dolor de cuello que me estaba provocando dormir sobre el sillón, tenía llamadas perdidas que no quise devolver, estuve desorientado por varios minutos hasta que me puse la casaca y salí en busca de pan y nuevos cabezales para el afeitador porque estuve semanas intentando rasurarme la barba con la mano izquierda, mientras la derecha seguía llevando los tres puntos de un accidente casero.
Mañana tengo programado volver a la universidad y seguir tramitando documentos para el bachiller, con el alivio que ya terminaron las clases del curso de actualización, estaré en la cola escuchando música, mirando de lejos los coqueteos entre los trabajadores administrativos de la universidad, a quienes ya conocí el año pasado mientras hacía prácticas pre-profesionales. Almorzaré solo nuevamente, miraré el atardecer y seguiré buscando los libros necesarios para la bibliografía para el trabajo de investigación.

Durante la semana, decidiré si viajo a Lima, al menos para un par de días y luego regresar para viajar a Arequipa, soñaré y olvidaré lo que soñé. Esperaré a que el año termine y haya terminado por desamoblar mi habitación y alistar maletas para salir de casa.
Mientras iba terminando, sorprendido, me percaté que estuve siendo poseído por el sueño y que lo que pasó, lo recordaré y algunos hechos se harán difusos, y lo que vendrá se hará mutable, fue entonces cuando esbocé un rictus y el di la bienvenida al lunes.

lunes, 28 de octubre de 2013

Tres

Los ecos de las bombardas llamaron la atención de todos los pueblos aledaños, las chispas se expandían entre lo más alto de las montañas; desde Mayunmarca, Serapio que languidecía pudo despertar, sobó su vientre y alistó el mejor traje para emprender camino hacia Cosme,  donde los poblanos llegados de muchos lados, mayormente de Lima, empezaban a festejar a las tres vírgenes: del Rosario, Cocharcas y Santa Clara. Tal vez soportaría las seis horas de caminata más el hambre hasta llegar o quedaría en medio del intento y del sendero.

Catarata Tirol, La Merced
La neblina despejó y a lo lejos empezaron a escucharse el sonido de las aves en medio de la selva. El despertador sonó y nadie pudo ponerse en pie para apagarlo, Carol pudo atinarle con el zapato y la sala quedó nuevamente en silencio. Los cuerpos yacían en el sillón y las camas. O fue el hambre que provocó en ellos un zumbido que fue acelerando hasta que la jovencita de cabello alborotado dijo: “¿Nadie piensa comer?”, y el desayuno fueron sobras del día anterior que supieron mucho más rico y macerado que alguna vez en sus dos décadas de vida. “Ya tenemos fuerzas, hoy somos Tirol”. Y el grupo de jóvenes se alistó para emprender un viaje hacia el calorcito de la selva, el que ofrece Chanchamayo y el que ofrecen sus habitantes.

Las ollas fueron levantadas por tres jóvenes padres, quienes ordenaban a sus parejas seguir atizando la leña de las vicharras, “sopla, sopla duro”. El humo y el vapor salían de las cocinas de las familias que pasaban la fiesta. Había muchos invitados para ofrecer el desayuno: “para los músicos, los tíos que vinieron de lejos, los toreros, los filmadores…”. Serapio pudo llegar a tiempo, dibujó una sonrisa afable en su rostro y empezó a saludar a todos como si los conociese y quisiese de mucho tiempo, fue bien recibido y sus ojos brillaron más bajo el reflejo del sol vespertino en la sierra cuando probó el primer sorbo de caldo de gallina mientras las bombardas seguían siendo mandadas al cielo, anunciando el día principal de la festividad. El eco fue impresionante debido a la geografía, donde la mayoría de pueblos se encuentran en la cima de montañas y se ven frente a otra, como si tuviesen alguna gratitud a lo celestial y quisieran estar más cerca. Desde esa altura, el río Mantaro y la carretera se ven como dos hilos serpenteados.  

Los gritos de emoción de los jóvenes, que se abrían paso entre sinuosos caminos de barro, alborotaron la tranquilidad del lugar.

-Por eso no jalo.
-Tranqui nomás, escucha a los árboles, ellos también se alegran de tenernos aquí.
Carol se sentía orgullosa de haber nacido en La Merced y observar a sus amigos de barrio, en Lima, experimentar por primera vez de la humedad del lugar, el olor a hojas de plátano, el chillido de algún animal salvaje, encontrar mariposas de una infinita variedad de colores y tamaños. Entre bromas, anécdotas, piteadas y siguiendo a un pequeño río llegaron a la catarata de Tirol. La caída del agua puso la atmósfera del lugar como si miles de pequeñas gotas estuviesen en constante llovizna, la alegría del grupo fue inigualable.


Amanecer en Cosme, Churcampa, Huancavelica
Serapio llamaba la atención por su vestimenta tradicional, llevaba el sombrero de chopja y algunos cosminos reconocieron que él no era del lugar y comentaron que de donde él venía fue un pueblo que desapareció a causa de un diluvio que arrasó con todo y que desde los años noventa, Mayunmarca se fue reconstruyendo de a pocos. Las parejas que bailaban al compás de una banda ayacuchana también reconstruían sus tradiciones, ellos se dirigieron a la plaza bajo el sol del mediodía, al llegar a la pequeña capilla las estatuas de las vírgenes esperan para ser paseadas por la plaza, alrededor de un eje, que este caso fue un hasta sin bandera.

La tarde se asomaba y era tiempo de regresar, los jóvenes olvidaron llevar alimentos y tuvieron que tomar agua de la catarata ante la sed que los agobiaba, uno de ellos empezó a culpar a Carol por haberlos llevado y no haber planeado bien las cosas, los demás siguieron con la misma conducta hacia ella. “Mira carajo, encima estamos todo mojados” y de un empujón Carol cayó a un pequeño desnivel y sus amigos continuaron el retorno.

Zapateos, música, alegría y nadie permanecía con un solo grupo. Todos terminaban conociendo a todos, pasando botellas de cerveza o de “calientito”. El sonido de la multitud era diferente, el acento lo convertía en un cantar y el quechua los volvía hermanos. Serapio iba rotando, pero lo tomaban como un loquito más que demostró haber llevado mejor a los toros de bufa que los que vinieron desde Lima. Sus cejas de arquearon cuando sentía que se iba quedando solo, en una esquina, su quechua era de alguien que vive más al sur.

Mientras cenaba, una jovencita entró al restaurante y, de pronto, sentí una sensación que me provocó seguirle con la mirada mientras conversaba con mi amigo. La chica de cabellos alborotados llevaba un polo húmedo de varón y un short de jean, una herida en la rodilla y rasguños en el cuerpo. Se sentó frente a mí y me trató como a un amigo que conoce y quiere de muchos años, empezamos a hablar y ambos nos sorprendimos haber vivido muy cerca en Lima, en alguna época. Le invité la mitad de mi plato, que rechazó en un comienzo y luego comió con frenesí. Mi amigo que estaba avergonzado se fue al baño. “Mi nombre es Carol y tú ya me entiendes bien, así que ya sabes, estoy dispuesta a todo”.

Huancavelica
Al tercer día de fiesta y de haber observado a Serapio, decidí acercármele y me habló en quechua, le respondía con algunas palabras que ya había aprendido hasta que comprendió, giró a verme y empezó a hablar en español. Sus ojos, a los cincuenta y tres años, le brillaban con mucha intensidad, “mi mamá es de allá y mi papá de más allá”, aunque sólo conozca su pueblo y los aledaños, le ha quedado entendido que todos en el país somos una mezcla de rasgos oriundos y no oriundos, “¿sino por qué crees que tengo estos ojos y esta piel roja?”.

Prometemos con Carol encontrarnos en Lima nuevamente y le doy dinero al mototaxista para que la lleve a su casa, “es brava la flaca, araña bien ah” y con un abrazo muy cálido nos despedimos. La fiesta terminó y mientras volvemos a la casa de la familia que nos hospedó, Serapio empieza a cantar sus huaynos en quechua, “Ripusajmi, ripusajmi” le digo y entona un huayno que parece le estremece el alma, le recuerda a su esposa fallecida y a sus hijos que lo han dejado, nos tomamos del hombro y seguimos la marcha de regreso como amigos que se conocen de siempre.