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Mostrando entradas de 2015

El sonido del 2015

Estas días son míos, estás canciones son como cantarles a cada día del año, un año de muchos viajes, de imborrables recuerdos por selva, sierra y costa, recorrer todo el Parque Nacional Tingo María en dos días, viajar en el Tren Macho y disfrutar de las playas y la comida del norte, respectivamente. He vuelto a sumergirme entre libros, historias, papel, lápices y lapiceros. Recién aprendía a despedirme de mi viejo y tuve que hacerlo de mi bisabuela Natalia, mamá Julia y mi buen amigo Oscar. Así como he aprendido a dar la bienvenida a todos mis hermanos y explorar el mundo de la Tunantada con nuevas amistades. En los últimos meses del año, que decido redirigir mi rumbo... tuve un reencuentro inesperado luego de nueve años, mi banda favorita, Coldplay, saca nuevo disco y anuncia un concierto en abril del próximo año en Lima y vuelvo a tomar estabilidad emocional para encaminarme a los proyectos que tengo por cumplir el año que viene. Este año ha sido un alivio tener a todos mis hermanos …

El sonido de 2014

Hace un año, en estas épocas, seguía devastado por los acontecimientos que caen como rocas congeladas sobre la espalda y no pude publicar el usual post de cada año con mis canciones favoritas. Si en algún momento pierdo la memoria -una de mis fantasías en delirio- estas publicaciones me permitirán saborear cada etapa que transcurrí, así que empiezo. 
(10) The Black Keys - Turn Blue
Mi canción favorita del octavo disco de una de mis bandas favoritas. Con la canción y sus letras recuerdo que el mundo se te puede venir encima y te das cuenta que sigues avanzando, aunque no lo quieras. Pongamos tinta azul y sepamos que podría haber un infierno abajo, abajo...  


(9) Pharrel Williams - Happy 
El 2014 no sería el 2014 si nadie recuerda esta pegajosa canción que la usaron en cuanto spot publicitario o campaña para algo que quiera brindar alegría. No comento más de la canción que la baile en un paseo y algunos amigos creyeron que tenía epilepsia.


(8)Hunsu Helendirici - I love you Los músicos de Orie…

Caballo de paja

Desde hace algunos años tener una conversación con los amigos pasó a ser una en el que las emociones salían tan sinceras, risas espontáneas y música increíble. Desde hace algunos tener una conversación con mi amigo Iván Soriano es todo un suceso de momentos que no quieres que se acaben nunca.
Tal vez ahora, nuestras últimas conversaciones se han trasladado más a las virtuales, sin embargo, sigo almacenando tantas histories y sentires que luego termino muy inspirado para escribir. Hoy quise escribir lo que sentí mientras nuestro tema en común era la muerte, el mar y una forma de amar. 
Caballo de paja
Los adobes mis piernas

Desarraigo en vaivén pajonal tibio

Navajas por el pecho marea alta

Barca perdida y el vacío rebalsa

Tocar del último violín y pañuelos como anzuelo

Irse, irse, irse
Partir, partir, partir
El abdomen de luz y un cigarro que termina

Techo o lluvia cielo de nubes rotas

Y eres

La tierra manos por cogerla

Hasta un próximo lunes... de fiel.

Cuarto para el otoño

Un torrente de energía y (casi) desesperación pusieron a mi cuerpo en demasiada actividad, fue como si la espectacular tarde en Pimentel me hubiese susurrado algo lento que debía escuchar varias veces hasta saber qué era. La inquietud y la curiosidad me arrastraron por las calles de Chiclayo, un viento suave me llevó a encontrar la respuesta del susurro.
Cuarto para el otoño

Ni vidrio perfecto
o palabra apresurada,
el sol no perdona a las persianas

Aire que sólo asfixia,
lámpara de llanto
y dolencia ausente

¡Laberinto!

Sismo en el cuarto piso
con un ombligo fresco
sacudiéndose la sal

Y la necesidad por palpar
el humo que hemos sido,
consumados,
medianoche y los pasos
evaporándose por Balta.


Hasta el próximo post.

Bandada de aves rotas

Los buses han sido el mejor vehículo para apreciar e introducirme a nuevas ciudades, observar con mucha calma (al menos) el cambio gradual de la geografía, extenderse parajes que alguna vez vi en las enciclopedias y sentir ese encuentro entre lo que imaginaba al lugar real; no fue lo mismo imaginar un delta o una bocana que navegar en uno, sumergirme en aguas de río y sal. Todo se hacía tan lento, sólo le faltaba un piano acompañando para dejar al corazón salir de la jaula de penas y miedos. Cerrar los ojos y sumergirse, en lo oscuro: la paz. Salir a flote y asombrarme del nuevo mundo que encontraba entre las pestañas húmedas. Retar a una nueva ola, tocar el caparazón de unas tortugas galápagos, creer que debo tener una coraza igual de dura y quedarse frente a frente con el sol y pensar que no hay tiempo, sólo estar y arrojarse a nuevas aguas.
Bandada de aves rotas

Existe una bandada
de aves rotas
cruzando el espejo
¡Tú!
el de alas enteras
sé pez
y destínate el ahogo
Humano solo
algunas…

Norte - Eróstrato

Algunos años atrás planteaba la idea de viajar por el norte costero del país, mucho más antes me proponía viajar a alguna ciudad de norte para vivir unos años. Después del huracán que ha sucumbido esta última etapa de mi vida, decidí emprender el viaje añorado antes de llegar a los 30, no desdeñé la oportunidad que me tentaba desde el año pasado, pero interrumpido por proyectos laborales. 
El viaje se concretó, fui envuelto en mil y un experiencias -algunas sacadas de los pelos, otras particularmente asombrosas-, en general he podido comprender muchas de las preguntas que me hacía y que ahora me hago con menor frecuencia (aminorando la neurosis). En el camino me he cruzado con personas de diferente dejo, contextura, sentido del humor y... sabor. 
Empezaré esta secuencia de escritos que fui guardando en la libreta que llevé con la finalidad de... (ninguna finalidad) Salioeron frente a un ocaso, en conversaciones, con buena comida, antes de dormido, al despertar, saliendo del mar, etc. El…

Marchito

Han paso casi dos meses desde que mi abuela se fue y veo el mundo desde el tercer piso. Esta semana, un kokedama, que lucía verdoso y lleno de vida, empezó a secarse, sus tallos amarillaron y la semana se nubló, más de lo que comúnmente está. Emplomecí y escribí... 

Como la planta que tuvo que cortarse las raíces al no poder consolidar su unión imperfecta en la tierra, tuvo que necesitar del abono de las aves que fingen volar y un poco de luz, al menos el de un fluorescente señalando la puerta a la otra vida, donde no necesitaremos el aire para cantar la canción que nos devolverá como frutos secos a la espera de la mano divina del hombre que habrá de arrancar la mala hierba de su ganado, el que no necesita de un pastor para encontrar en la vida la raíz que necesitará agua, un poco de agua y algo de desesperanza.

Espero que algún o alguna especialista en el cuidado de las plantas pueda salvar mi kokedama.

Desde el nido calorífero

Hoy miraba desde el tercer piso, los automóviles y las personas se movían a un solo compás. Quise bajar y estropearlo todo. Pero me animé a escribir.
Desde el nido calorífero

El éxtasis,
un río desbordante
bajan de tu boca.
A mi grava,
palabras desesperadas
que murieron
en el intento.
Encierras a las aves
que revolotean
tu futuro descalzo
y
busco navajas
para las alas
nacidas en tu pecho.
El anhelo,
mi nido calorífero
de desconsuelo
y acumulación
de guijarros solos.
A tu laguna,
sed de obsesión
que aprisiona
cantos y mares vacíos.
Vuelvo a ver por la ventana y todo sigue siendo igual. Es tiempo de abrir la puerta y salir. Hasta un próximo lunes.



Aquellos tres de lunes

Lunes, después de un desvelo y aterrado por soñar. Él aparece siempre como una sombra sigilosa que se oculta de la conciencia hasta que abre su capa y da su gran espectáculo: la confusión.
Podría ir enumerando y describiendo todo lo que giran móvil en esta ciudad, podría recordar con mucha precisión el momento en el que tuve que cruzármelo en medio del tumulto que cruzaba una de las avenidas principales del centro Lima. Todo para llegar a aquel instante, el semáforo se hizo lento, cada paso demoraba su avanzar sobre la zona peatonal, las miradas puestas en la acera del frente, otros mirando la hora, la música, mensajes de sus smartphones. Nosotros no veíamos nada, sólo caminábamos, como dudando del destino. La primera mirada se posó en mi hombro derecho y la segunda iba en vaivén entre comisura y comisura, como si la picardía bailase. Los cuerpos se rozaron con la menor presión y un cruce de miradas que se siguen hasta el rabillo de los ojos terminó. Muchedumbre en tropa, bocinas, vend…

Abuelita Natalia

La casa junto al río la conocí los primeros meses de vida que me llevaban para conocer a mis bisabuelos. De niño las visitas se recuerdan con exquisitez por la buena sazón de mi bisabuela, a quien también decía abuelita Natalia, no me sentía tan lejano, al contrario, afortunado de tener esa imagen de una mujer vigorosa.
Los postres de chocolate, el jardín con frutas, el lavadero de metal de un sólo caño, la infinidad de plantas y flores, los pasillos de una casa hechos de adobe para guardar el calor y la hospitalidad, así como el corazón de ella, corazón que dejó de latir, como el de mi papá, quien en su último cumpleaños le hizo un cariñoso homenaje, "sus manos blancas recibieron a este negrito", recordando quién fue la que ayudó a mi abuela a traerlo a este cuajado mundo. Ambos, en ausencia o distancia, están. 
Su preocupación por los demás se transmitía la afabilidad que decoraban sus preguntas o enseñanza a ser cómplice para darte propinas, me saca una sonrisa, hasta despu…