domingo, 16 de agosto de 2015

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Marchito

Han paso casi dos meses desde que mi abuela se fue y veo el mundo desde el tercer piso. Esta semana, un kokedama, que lucía verdoso y lleno de vida, empezó a secarse, sus tallos amarillaron y la semana se nubló, más de lo que comúnmente está. Emplomecí y escribí... 

Como la planta que tuvo que cortarse las raíces al no poder consolidar su unión imperfecta en la tierra, tuvo que necesitar del abono de las aves que fingen volar y un poco de luz, al menos el de un fluorescente señalando la puerta a la otra vida, donde no necesitaremos el aire para cantar la canción que nos devolverá como frutos secos a la espera de la mano divina del hombre que habrá de arrancar la mala hierba de su ganado, el que no necesita de un pastor para encontrar en la vida la raíz que necesitará agua, un poco de agua y algo de desesperanza.

Espero que algún o alguna especialista en el cuidado de las plantas pueda salvar mi kokedama.

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