Remember, remember, remember


Una campanita dio dos tintineos y la puerta se abrió, llevé a mirada hacia unos zapatos marrones que entraron al lugar donde me encontraba recostado sobre una vitrina y esperaba a que me atiendan. Levanté la mirada y fui absorbido por alguna fuerza que me condujo a un espacio vacío, sin luz... empecé a desesperarme hasta que desperté.

I
Una sombra de forma monstruosa se formó en la pared, aún no entraba el alba totalmente y mi habitación aún aparentaba ser aciaga; noté el techo dilatado y con los segundos seguía expandiéndose, me sentí lejano, extraño y solo. De pronto sonó el celular y me provocó el aumento del ritmo cardiaco.
¿Qué canción es ésta?, pensé, mientras removía las infinitas sábanas para ubicar el aparato. Tuve una desesperación temprana, pero a la vez alienante por la melodía que emitía hasta que logré encontrarlo, la llamada era hecha de un número que no tenía registrado en la agenda. Decidí esperar mientras intentaba recordar el número o hacer alguna metáfora de éstos: imaginé edades, fechas y horas.
-¿Aló?
-Ulrike…
-¿Cómo?
-¿Cómo estás?
-Bien… jodido.
-Qué te ha pasado.
-Me falta tiempo para terminar de hacer todas las cosas que durante el día tengo que hacer, me llegó la segunda citación para declarar a la fiscalía por una denuncia que me enyucaron, tuve algunas malas palabras de mi mamá, aún no he acabo la universidad y…
-Y…
-Me siento solo.
-Pero si tú tenías compañía siempre.
La voz me sonó familiar, sentí nostalgia, recobré la conciencia luego de despertar y no comprendí por qué le había dicho tan rápido lo que me pasaba.
-Disculpa, no te he preguntado quién eres.
-Y cómo yo sé que eres Ulrike.
-Lo sabía.
-Entonces no debiste preguntar.
-¿Cómo obtuviste mi número?
-Hace unos días estuviste en un evento, conociste a dos de mis patas y estuviste mandando correos donde aparecían en la firma tu nombre, el blog (que te sigues haciendo el cherry) y tu celular… claro me llamó demasiado ver tu nombre, tú mismo me dijiste que no tenías homónimos.
-Claro, los de marketing.
-Te escucho viejo.
-Un poco, un poco…
-¿Viajas a Lima?
-Ah… sí, en un mes. Antes que me olvide, ¡tuve un sueño que tengo que contarte!
-Me lo cuentas cuando vengas, estaremos en el mismo distrito como para desempolvar el X  & Y.
-¿Cómo sabes eso?
-Remember, remember, remember.

II
El sol poniente al oeste ponía a todas personas, casas, vehículos y objetos a contraluz, parecían sombras totalmente negras en movimiento simulando algo real.
-Casi no ha cambiado nada el X & Y.
-Ya no está el teléfono público.
-Lo sacaron el 2006.
-Aún hace calor y tú sabes cómo me gustan los veranos limeños.
-Yo los extrañaba demasiado
Sentí esa mirada, el perfume, los azules de su ropa y el par de zapatos marrones. Partimos de la esquina donde nos encontramos y las cosas que habían cambiado del camino me causaron extrañeza, en concreto podían ser una alteración del cambio de veredas, colores de las casas, tiendas nuevas, sin embargo, en la imaginación eran las de siempre: las cosas eran abstractas en ese momento, a la vez eternas.
No recuerdo haber contado algo de lo que pasó luego del año 2007, todo fue demasiado lento, callado y envuelto en colores cálidos. Como aquellas revelaciones dadas por la acumulación de años le mencioné no haber estado enamorado nunca, aunque luego de un rato acepté -que en alguna temporada- sufrí de adicción desmedida hacia otra persona, eso le provocó una carcajada por la palabra compuesta que había inventado.
A dos cuadras cerca de la esquina,  decidimos girar hacia la derecha. Fueron como emociones traídas de épocas antiguas donde el hombre necesita de su humanidad e historia para existir, y al instante el fin se traducía en luces, bulla, edificios, personas caminando apresuradamente, ambulantes, dateros, cobradores y todo lo más esperado de la urbe “desarrollada”.
-Bueno… creo que ya no queda más.
-¿Podemos caminar dos o tres cuadras más?
-Estoy cansado y tengo que terminar unos trabajos.
-Sólo dos.
-Despierta…
Ya no se le podían ver los ojos y lo último que mencionó se hizo eco, en alguna parte de mis pensamientos nacieron el temor y la tristeza. No podía creerlo, no quería aceptarlo, pero mientras más consciente era que lo sucedido formaba parte de algo irreal las cosas se desvanecían, perdían color y forma. Todo se disolvió y no quise abrir los ojos, me envolví con las sábanas y el edredón para no percibir la luz. El miedo que tuve fue porque no había sucedido y porque lo recordaba todo.

III
Al día siguiente me sentía listo, más que preparado: me tatué aquellas tres letras. Y sí, fueron dos sueños en diferentes tiempos, pero en el segundo volví a soñar el primero con algunas variantes. A la semana siguiente aún podía recordar los dos sueños, entonces me hice de un espacio libre para entrar a mi correo electrónico y escribirlo, al enviarlo me percaté que había llegado un correo nuevo, me asusté antes de asombrarme. Al terminar de leerlo sólo me dio ganas de decir: “Remember, remember, remember”, acompañado de una mueca irónica.

Hasta un próximo lunes.

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