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Lunes de Fiel: El primer año

Un año atrás me alegré por un lunes feriado, hoy estoy más contento: el feriado se extendió hasta el martes. Cuántas cosas han cambiado durante esta última época con este blog: Lunes de fiel.

He contado anécdotas, he publicado sobre las nuevas canciones de Coldplay, he continuado con mi ranking anual en búsqueda de la canción favorita. Pero sabía que algo me faltaba. Estuve recorriendo (y recordando) los post de Ulrike World y me percaté que no cuelgo las fotos que saco de los lugares adonde visito; los poemas los dejé exclusivamente a El PoeDiario y mis últimos trabajos de la universidad ya no encuentran sus espacios. Así que para este año volveré a postear fotos, esas en paños menores no. Y como siempre, intentaré hacer todo lo menos parametrado.
Tuve post que nunca llegaron a publicarse como “Adiós, Harry Putter”, “El llanto en Trujillo” y “Vía expresa”. Uno, porque me llegó comparar momentos de mi adolescencia con las películas de la saga del mago cuatro ojos. Dos, que no debo hacer llorar a nadie, mucho menos hacerlo recordar. Tres… tal vez algún día me anime a postear la conjunción que hice entre la vida de Amy Winehouse y Martín Adán.

Sí me han dicho que el blog ya no está de moda, pero esa idea es un simple supuesto generalizado. Así que levanten las manos los infieles que siguen este blog. Gracias a Evelyn Maldonado, quien personalmente me dijo sigue este blog y hasta me desmintió cuando expuse para el volumen 7 de PechaKucha Night  y refirió que no siempre posteaba los lunes, por eso, al jode, este post sale un miércoles. A José Martín, quien con sus comentarios positivos resalta la existencia de este espacio. A dos amigos cercanos que también confesaron ser infieles lectores… y bueno, agradezco a los curiosos, los sapazos, a los que al buscar Dr. Chapatín en Google les sale la imagen de mi post Latortura del gym. Eso es todo, en cuanto a agradecimientos, o sino ya pareceré una miss mundo que agradece hasta a la viejita que le hace la manicure.
(Hasta ahora me pregunto para qué tengo un contador de visitas que ya va en 7802, si no he puesto ni anuncios de la pollería del barrio)

Cómo has cambiado, mocoso

Orson
“Que el año pasado eras más flaco”, “Estás más pastrulo”, “Esas son ojeras o bolsas para la basura”, “Adónde te fuiste de viaje que estás más quemado”… etcétera, etcétera. Son los más comunes dichos que he escuchado durante los últimos meses. A los que han notado que estoy panzón, de paso se aprovechan en sobármela (la barriga), o me ven cachetón: baaah, es que he entrado en una nueva dieta basada en lasagna, pizzas, chancho al palo, al cilindro, al honro, y todas las posibilidades que haya de preparar la carne del animal que tanto me gusta. Sí, he subido alrededor de nueve kilogramos. Lo de bueno es que me he liberado de muchos complejos como el de envejecer y engordar: es cosa de quienes viven de su cuerpo. Me siento contento de tener la edad que tengo, no hay nada más que me pueda gustar, es paja envejecer y sentirse bien. Más que –creo– he entrado a la etapa prolífica en el que todas las cosas tienen un porqué y brillan con las formas de significación que pueden tener. Pronta la estabilidad que estoy asimilando en varios aspectos, cosa que al acabar la universidad podré consolidar y empezar con mis proyectos personales. Ah… me había olvidado de una frase: “Te estás volviendo alcohólico”. Bueno… no soy, son ellos. Desde que he empezado a filtrarme en el mundo periodístico, me resultó más fácil meterme en el mundo alcoholístico. Sólo para tener una idea: Huancayo, capital del cañazo y el alcohol metílico en el país sumado al periodismo. Más bien ya voy dos semanas sin consumir (excesivamente) por bien de mi hígado, a quien le tengo una cuenta que no podré saldar nunca, sólo cuidándome. Además evito equivocaciones al mandar mensajes de texto por las madrugadas o evito que mi subconsciente se exprese de tal manera absurda.

Noche de guitarras, brujas y electrónica

Huancayo dejó de ser un valle de personas trigueñas, lampiñas, narices aquilinas, miradas cetrinas y baja estatura, para pasar a ser un valle de criaturitas azules de gorros blancos, al menos ocho de cada diez niños de cada cuadra en la Calle Real estaban disfrazados de los famosos Pitufos. Si me rapaba el cabello y le cortaba parte de la oreja a mi gata Moya y le ponía de nombre Asrael, fácil la hacía de Gargamel y para hoy ya hubiese montado mi dulcería.

Mientras esperaba la noche del 31, día de la canción criolla también, nuevamente tanteaba entre las posibilidades. Recordé a Malicha siendo perreada por el conejito de Club, pero aquella discoteca ahora se había convertido en la preferida de… jóvenes (relativamente) que tal vez por sus antecedentes culturales le han desarrollado una fobia al agua y jabón, a la poca combinación de prendas y todo aquello que ellos llaman frivolidad y otros buen gusto. Descarté todas las posibilidades de alcohol. Así que llamé a mis amigas para saber adónde ir, no demoró mucho decidir: Rústica. (No es propaganda, es recomendación). O sea, en Huancayo si hay dos lugares “bien” son el Taj Mahal y La Noche, en la primera son unos racistas de eme, en la segunda ofrecen tragos demasiado caros, no hay buena atención y la música está en algodón. Así que tuvo que venir una empresa de Lima para enseñarles a las otras que todos entran, se debe tratar bien a los clientes y poner buena música. Después viene la dialéctica porque en toda la ciudad habrán cincuenta discotecas aproximadamente, donde tienes que tener mucho cuidado si has llevado cosas de valor o buena cantidad de billete, y si esa no es tu preocupación, pruebas bien el trago o terminarás como los pepeados que a diario salen.

Volviendo al tema de la noche, ya intuía que no iba a ser el único con la camisita a cuadros (look indie) sobre un polo de estampado llamativo, así que como valor agregado me puse unas orejitas de ratón (entiéndase: Mickey Mouse), pero no creí ver una réplica de Buzz Lightyear en esponja, imaginé al pata que fue disfrazado así morirá virgen, pero tuvo una ventaja: ganó cien dólares en el concurso. Para el próximo año me disfrazo del Señor car’e papa.
Tefa con sus cachitos (denotativa y connotativamente), Malicha con su corsé animal print que se compró en el mercado (aunque nadie lo notó), las demás como siempre: de toneras. La cantidad necesaria de personas para poder bailar. Lo que me gustó más fue las horas de electro… tanto así que me había olvidado ir al baño y al ver mi reloj: 03:00 horas. Creo que nunca en mi vida había bailado tantas horas seguidas. Esta vez la nota divertida la puso Nadine (con un mes de luto), quien disfrazada de diablita participó por la chica más “coqueta” de la noche y al recibir su respectivo fajón de billetes dijo: “Conste, es para pagar la pensión de mi universidad”. Todos: “Siií, mucho te creemos”, la cosa que hasta el final del cierre de edición, Nadine ha declarado que el dinero que tiene ahora le sirve sólo para comprarse dos bolsas de Chizitos.

La noche corría y corrían, Tefa pasó de brazo en brazo, de manoseo en manoseo, Malicha se alejaba, la perdía de vista y aparecía nuevamente, mientras yo me quedé con su prima Romina que me tentó al invitarme su piña colada cuando yo sólo tomaba agua mineral.

Al salir, el cielo ya estaba iluminado y Tefa gritaba “Ay, qué me dirá mi mamá que me está llamando desde las dos de la mañana”. Al poco rato me llamó y le expliqué que nos encontrábamos “bien” porque quería mandar a su papá para recogerla. Instantáneamente me vino a la mente la ocasión en la que (según) Tefa tomó tanto whisky en la discoteca Taj Mahal y su papá tuvo que irla a recoger al día siguiente porque los dueños del local la encontraron tirada en una esquina.

Por eso, ahora al alcohol al que mirarlo de lejos, porque de cerca, antoja. Al menos pude relajarme luego de amanecerme tres días seguidos durante las parciales de la universidad.

Y para terminar: la canción que le ha dado nombre al subtítulo de este blog: Grounds for divorce - Elbow



Hasta un próximo lunes de infiel.

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