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Caballo de paja

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Desde hace algunos años tener una conversación con los amigos pasó a ser una en el que las emociones salían tan sinceras, risas espontáneas y música increíble. Desde hace algunos tener una conversación con mi amigo Iván Soriano es todo un suceso de momentos que no quieres que se acaben nunca. Tal vez ahora, nuestras últimas conversaciones se han trasladado más a las virtuales, sin embargo, sigo almacenando tantas histories y sentires que luego termino muy inspirado para escribir. Hoy quise escribir lo que sentí mientras nuestro tema en común era la muerte, el mar y una forma de amar.  Caballo de paja Los adobes mis piernas Desarraigo en vaivén pajonal tibio Navajas por el pecho marea alta Barca perdida y el vacío rebalsa Tocar del último violín y pañuelos como anzuelo Irse, irse, irse Partir, partir, partir El abdomen de luz y un cigarro que termina Techo o lluvia cielo de nubes rotas Y eres ...

Cuarto para el otoño

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Un torrente de energía y (casi) desesperación pusieron a mi cuerpo en demasiada actividad, fue como si la espectacular tarde en Pimentel me hubiese susurrado algo lento que debía escuchar varias veces hasta saber qué era. La inquietud y la curiosidad me arrastraron por las calles de Chiclayo, un viento suave me llevó a encontrar la respuesta del susurro. Cuarto para el otoño Ni vidrio perfecto o palabra apresurada, el sol no perdona a las persianas Aire que sólo asfixia, lámpara de llanto y dolencia ausente ¡Laberinto! Sismo en el cuarto piso con un ombligo fresco sacudiéndose la sal Y la necesidad por palpar el humo que hemos sido, consumados, medianoche y los pasos evaporándose por Balta. Hasta el próximo post.

Bandada de aves rotas

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Los buses han sido el mejor vehículo para apreciar e introducirme a nuevas ciudades, observar con mucha calma (al menos) el cambio gradual de la geografía, extenderse parajes que alguna vez vi en las enciclopedias y sentir ese encuentro entre lo que imaginaba al lugar real; no fue lo mismo imaginar un delta o una bocana que navegar en uno, sumergirme en aguas de río y sal. Todo se hacía tan lento, sólo le faltaba un piano acompañando para dejar al corazón salir de la jaula de penas y miedos. Cerrar los ojos y sumergirse, en lo oscuro: la paz. Salir a flote y asombrarme del nuevo mundo que encontraba entre las pestañas húmedas. Retar a una nueva ola, tocar el caparazón de unas tortugas galápagos, creer que debo tener una coraza igual de dura y quedarse frente a frente con el sol y pensar que no hay tiempo, sólo estar y arrojarse a nuevas aguas. Bandada de aves rotas Existe una bandada de aves rotas cruzando el espejo ¡Tú! el de alas enteras sé pez y destínate el aho...

Norte - Eróstrato

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Algunos años atrás planteaba la idea de viajar por el norte costero del país, mucho más antes me proponía viajar a alguna ciudad de norte para vivir unos años. Después del huracán que ha sucumbido esta última etapa de mi vida, decidí emprender el viaje añorado antes de llegar a los 30, no desdeñé la oportunidad que me tentaba desde el año pasado, pero interrumpido por proyectos laborales.  El viaje se concretó, fui envuelto en mil y un experiencias -algunas sacadas de los pelos, otras particularmente asombrosas-, en general he podido comprender muchas de las preguntas que me hacía y que ahora me hago con menor frecuencia (aminorando la neurosis). En el camino me he cruzado con personas de diferente dejo, contextura, sentido del humor y... sabor.  Empezaré esta secuencia de escritos que fui guardando en la libreta que llevé con la finalidad de... (ninguna finalidad) Salioeron frente a un ocaso, en conversaciones, con buena comida, antes de dormido, al despertar, salie...

Marchito

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Han paso casi dos meses desde que mi abuela se fue y veo el mundo desde el tercer piso. Esta semana, un kokedama, que lucía verdoso y lleno de vida, empezó a secarse, sus tallos amarillaron y la semana se nubló, más de lo que comúnmente está. Emplomecí y escribí...  Como la planta que tuvo que cortarse las raíces al no poder consolidar su unión imperfecta en la tierra, tuvo que necesitar del abono de las aves que fingen volar y un poco de luz, al menos el de un fluorescente señalando la puerta a la otra vida, donde no necesitaremos el aire para cantar la canción que nos devolverá como frutos secos a la espera de la mano divina del hombre que habrá de arrancar la mala hierba de su ganado, el que no necesita de un pastor para encontrar en la vida la raíz que necesitará agua, un poco de agua y algo de desesperanza. Espero que algún o alguna especialista en el cuidado de las plantas pueda salvar mi kokedama.

Desde el nido calorífero

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Hoy miraba desde el tercer piso, los automóviles y las personas se movían a un solo compás. Quise bajar y estropearlo todo. Pero me animé a escribir. Desde el nido calorífero El éxtasis, un río desbordante bajan de tu boca. A mi grava, palabras desesperadas que murieron en el intento. Encierras a las aves que revolotean tu futuro descalzo y busco navajas para las alas nacidas en tu pecho. El anhelo, mi nido calorífero de desconsuelo y acumulación de guijarros solos. A tu laguna, sed de obsesión que aprisiona cantos y mares vacíos. Vuelvo a ver por la ventana y todo sigue siendo igual. Es tiempo de abrir la puerta y salir. Hasta un próximo lunes.

Aquellos tres de lunes

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Lunes, después de un desvelo y aterrado por soñar. Él aparece siempre como una sombra sigilosa que se oculta de la conciencia hasta que abre su capa y da su gran espectáculo: la confusión. Podría ir enumerando y describiendo todo lo que giran móvil en esta ciudad, podría recordar con mucha precisión el momento en el que tuve que cruzármelo en medio del tumulto que cruzaba una de las avenidas principales del centro Lima. Todo para llegar a aquel instante, el semáforo se hizo lento, cada paso demoraba su avanzar sobre la zona peatonal, las miradas puestas en la acera del frente, otros mirando la hora, la música, mensajes de sus smartphones. Nosotros no veíamos nada, sólo caminábamos, como dudando del destino. La primera mirada se posó en mi hombro derecho y la segunda iba en vaivén entre comisura y comisura, como si la picardía bailase. Los cuerpos se rozaron con la menor presión y un cruce de miradas que se siguen hasta el rabillo de los ojos terminó. Muchedumbre en tropa, bocinas,...